En diciembre, Jonathan Franzen estuvo en la FIL de Guadalajara. J.M.
Coetzee está en Colombia para un seminario de tres días y allí
permanecerá para la FIL Bogotá, adonde también acudirá Cees Nooteboom,
quien inmediatamente después aparecerá en la FIL de Buenos Aires.
Alberto Manguel y Tzvetan Todorov estuvieron en la útima FIL de
Santiago. Ian McEwan y J.M.G. Le Clézio fueron dos de los muchos
invitados al último Festival Literario de Paraty, en Brasil.
En el Perú, la Cámara Peruana del Libro, presidida por el dueño de la
misma librería que hace poco ofreció descuentos en libros de autoayuda y
novelas de amor por el día de la mujer, anuncia quién será la estrella
de la FIL Lima 2013. Se trata de Pedrito Suárez Vértiz. Pero no
desesperen: estoy seguro de que tienen alguna otra estrella guardada
bajo la manga. Probablemente un cocinero. Hoy que el decano de la prensa
nacional saluda en su editorial el resurgimiento del cine peruano
gracias al éxito de ¡Asu mare!, la cultura peruana tiene, obviamente, muchas razones para celebrar.
lunes, 22 de abril de 2013
sábado, 23 de febrero de 2013
Entrevista a Roncagliolo ...

A propósito de la publicación de su más reciente libro, Óscar y las mujeres, Santiago Roncagliolo le concedió una breve entrevista a Alberto Ojeada para La República.
Fuente: LaRepública
Cuando un escritor confunde la vida con sus ficciones tiene un problema. Santiago Roncagliolo confiesa que lo padeció alguna temporada. Perdió de vista cuáles eran las referencias sólidas a las que debía aferrarse: sus hijos, su mujer... Estaba más volcado en sus narraciones y las servidumbres promocionales de sus libros que en su propia familia. Al protagonista de Óscar y las mujeres (Alfaguara), su última novela, le sucede lo mismo, pero multiplicado por mil. Es guionista de las telenovelas más exitosas de A.Latina pero en su esfera personal, sobre todo en su relación con el universo femenino, todo es fracaso. Cuando escribe se siente un demiurgo capaz de controlar cada detalle, pero cuando sale de ese ámbito se pierde irremisiblemente. El escritor peruano despliega un ejercicio de autoparodia hilarante que invita a la carcajada ante las dificultades que tiene un hombre-niño para convertirse en un hombre adulto.
Tres citas encabezan el libro. “El arte imita a la vida”, Aristóteles. “La vida imita al arte”, Oscar Wilde. “La vida imita a la televisión barata”, Woody Allen. ¿Cuál le parece más acertada?
La de Woody Allen, sin duda. La vida está llena de giros fallidos, de historias que no se cierran, o que nunca se abrieron bien. Dios es un guionista de telenovelas baratas, igual que Óscar, el protagonista de mi novela.
En su caso, la confusión de la realidad y la ficción es un síndrome grave. ¿En qué medida le sucede a usted también cuando escribe?
Todos mis personajes tienen mucho que ver conmigo. Suelen ser una deformación. Yo también escribí telenovelas. También viví inmerso en mis ficciones y en mi vida de escritor, viajando por medio mundo promocionando mis novelas. Me costó mucho darme cuenta de que mi vida estaba en mi gente más cercana, en mis dos hijos, en mi esposa... Pero hubo un momento en que vi claro que debía convertirme en un adulto funcional. A Óscar le pasa lo mismo. Él es una autoparodia de mí mismo.
¿Cómo fue su experiencia de guionista de telenovelas? ¿Le ha servido mucho para su carrera posterior como novelista?
Los guionistas de telenovelas no pueden permitirse el lujo de bloqueos creativos. De pronto, tienes que rellenar 40 páginas de un día para otro. Aunque estemos hablando de telenovelas fallidas, es un trabajo duro. Además, tienes que cumplir con una regla de oro: la protagonista buena debe mantener la virginidad durante 120 capítulos. Algo muy complicado: en la vida real la pierden a los tres. Todo eso supone que tienes que manejar la historia para demorar la consumación del amor hasta el final. Después de hacer algo así, uno está preparado para escribir las historias más inverosímiles.
¿Sentía que era necesario dignificar a la telenovela?
Ya está dignificada por sí misma. Es el Shakespeare de América Latina, el único género que hemos inventado nosotros y que cuenta nuestra historia del último siglo. En realidad, lo que yo hago es desdignificar la telenovela,, porque Óscar escribe las de la peor especie, basadas en clichés anticuadísimos sobre las mujeres y vida en general.
El que sí ha reivindicado mucho las bondades del culebrón ha sido Boris Izaguirre...
Boris es un fenómeno de la naturaleza. He trabajado varios años en radio con él. Es una de esas personas que si entras con ella en un lugar con gente consigue que nadie te mire a ti. Tiene un talento fascinante.
¿Entonces es Miami la capital de la telenovela?
Sí, es allí donde se facturan las telenovelas que luego se emiten por toda Latinoamérica. Es un lugar muy peculiar. Es Estados Unidos pero no es Estados Unidos. Es Cuba pero no es Cuba. Es un sitio perfecto para ambientar una comedia. Y me daba mucho juego porque yo sabía que Óscar odiaría Miami. Fíjese que es un tipo que no sabe conducir. Eso en Miami es como un suicidio.
Ha dicho que la mejor literatura no se está escribiendo ahora para los libros si no para la TV. ¿No es tirarse piedras a su tejado?
Es así. Puede verse en series como The Wire, o Boardwalk Empire... Están superando incluso al cine, que es mucho más previsible, convencional y aburrido. Soy un contador de historias. No pienso en cuestiones gremiales.
Óscar ofrece una visión de los hombres bastante deplorable. ¿Más piedras sobre tejado propio?
Está claro que el hombre es una especie en decadencia. Desde que asiste a la liberación de la mujer no sabe qué papel debe ocupar en el mundo. Está muy perdido y asustado. Óscar tiene ese problema todavía más agravado porque sólo sabe relacionarse con las mujeres que él mismo diseña en la ficción pero con las reales todos sus contactos son un desastre.
¿Y cómo fue la comercialización por entregas en digital de la novela, al estilo de los folletines decimonónicos?
Tengo bastante interés por Internet y sus posibilidades para la literatura. Ya hice en su día una novela colectiva junto con Fernández Mallo y Cristina Fallarás. También he tenido un blog. Esto me lo propuso la editorial y me pareció muy buena idea. Al fin y al cabo era fiel a la estructura de las telenovelas, que entran cada día en el salón de tu casa. Ha tenido mucho impacto en las redes sociales. Tengo muchos amigos intelectuales que piensan que Internet es el fin de los libros. Este experimento demuestra que se puede utilizar para promocionar un libro de papel. Los dos formatos no tienen por qué mutilarse. Pueden complementarse.
Datos
Santiago Rafael Roncagliolo Lohmann (Lima - 1975) escritor, dramaturgo, traductor, guionista de telenovelas, asesor político y periodista de investigación.
En 2010 fue elegido por la revista británica Granta como uno de los 22 mejores escritores en español menores de 35 años.
Roncagliolo colabora con el diario español El País, La República y diversos periódicos iberoamericanos. Ha traducido a una serie de autores franceses como Jean Genet, André Gide, entre otros.
Entrevista a Mario Bellatín ...

En el siempre interesante blog "Lee por gusto" encontré una entrevista que realizó Orlando Mazeyra al escritor mexicano- al menos él prefiere que lo llamen así - Mario Bellatín.
Fuente: LeePorGusto.
I
Cuando leí Flores,
me llamó mucho la atención el epígrafe del inicio (un supuesto
fragmento del diario del Premio Nobel de Física de 1960), pues, en vida,
mi abuelo paterno fue un defensor acérrimo de la homeopatía
y, cómo no, de los famosos globulitos que él tomaba reemplazando la
medicina tradicional (nunca se curaba las ampollas porque entendía que
eran fugas naturales de las toxinas del cuerpo...). Mi abuelo tuvo una
vida muy larga y saludable. Yo, en cambio, alguna vez me burlé de los
homeópatas y los llamé, en su propia cara, vendedores de sebo de
culebra.
-No
te preocupes -me dijo el médico naturista de aquella vez que, por
supuesto, tenía una Biblia abierta reposando en un lugar privilegiado de
su consultorio-. Es más: me haces recordar a mí cuando era joven: era
un incrédulo y un rebelde...
Hoy
por hoy, asisto a donde un homeópata para curar una adicción (y mi
insomnio crónico). La primera vez que fui donde el doctor C., tenía un
dolor en la rodilla izquierda que, sin embargo, me permitía caminar con
normalidad. Él me pasó corriente por los dedos de las manos con unos
cables y, sin que yo pronunciara una sola palabra sobre lo que me
aquejaba, me dijo: "Esa rodilla izquierda está mal, te diste un golpe
muy fuerte". No acababa de salir de mi sorpresa cuando me clavó la
mirada para escudriñarme y, luego de anotar algo, me dijo: ¿El genio de
tu padre es muy fuerte, grita mucho? Asentí con la cabeza. "Te fascinan
las películas de terror aún a sabiendas de que te turbarán y no te
dejarán dormir, esa es una de las razones del insomnio que sufres, ¿no
es cierto?", acertó otra vez sin que yo haya tenido la necesidad de
abrir la boca:
-Es una especie de masoquismo, doctor -le confesé.
-Lo sé -añadió el médico.
Por eso, Mario, mi primera pregunta para ti sería: ¿crees en la homeopatía? ¿Has recibido tratamiento homeopático?
Yo
creo que la homeopatía es para las personas sanas. Pero no creo que
interese mucho mi opinión, ni en ese ni en otro tema que se trate en
alguno de mis libros. Las cosas que se van narrando son pretextos para
ejercer la escritura, y como no quiero que se convierta en una actividad
vacía -con la que estaría muy feliz, pero llegaría el momento en que se
comería a sí misma si no pudiera ser compartida con el otro- aparecen
temas que son, en realidad, una suerte de pretexto. Pero esa escena en
particular que mencionas ocurrió cuando era niño. En la trastienda de
una farmacia en la avenida Grau (en el distrito de Barranco, en Lima),
había un señor muy anciano que curaba con yerbas, y es cierto que le
tomó el pulso a mi brazo artificial y no se dio cuenta del material del
que estaba fabricado, y como un poseso dictaba nombres de plantas que un
ayudante iba anotando en un papel. No sé si creo en la homeopatía, pero
sí en la parafernalia que suele acompañarla. Ahora me quedo con la duda
de cuál puede ser la adicción de la que te tratas.
Flores,
como tu obra en general, resulta inclasificable: parecen relatos
sueltos aunque unidos por el cordón umbilical del título, sin embargo
podría ser una novela disfrazada de reflexiones breves (¿mini-ensayos?).
¿Tu intención es desmarcarte de las etiquetas o quizá tentar un nuevo
género literario? ¿Cómo llamarías a ese género made in Bellatin y cuáles son sus principales características?
Nunca
tengo antes de escribir una intención determinada, salvo la de
escribir. Trato entonces de nombrar nuevamente el mundo que me rodea o
que imagino, y lo intento de una manera que sienta que sea mía y no de
otro. Ese deseo hace que la escritura se retuerza de tal modo que
aparece como que hubiera alguna intención de cuestionar el género,
cuando en realidad lo único que he buscado es ser honesto conmigo
mismo. Con mi tiempo y con mi espacio propios.
Oswaldo Reynoso
me contó en su casa, cuando le pasé unos borradores de mis primeros
relatos que, hace muchos años, tú también compareciste ante él con el
borrador de tu notable Salón de belleza.
Él me dijo que te ayudó a corregirla y que te aseguró que sería un
éxito. ¿En verdad ocurrió esto? De ser así, ¿cómo te animaste a ir donde
Reynoso si, a primera vista, pareciera que sus creaciones son tan
disímiles que, a parte del innegable talento de ambos, cuesta encontrar
algo en común? ¿O estoy equivocado?
No
sé si seguirá ocurriendo lo mismo, pero cuando vivía en el Perú
advertía la costumbre en el medio literario de pensar que si el otro no
escribía o entendía la literatura como lo hacía esa persona quedaba
descartado de inmediato. No sólo descartado sino acusado o víctima de
una serie de improperios. Claro, me refiero a los mediocres que abundan
en todas partes. Supe que Oswaldo Reynoso, desde que lo conocí, no
pertenecía a esa clase de autor. Es fácil advertir en él a un artista
que está más allá de las circunstancias. Tan seguro de su escritura que
no necesita el aval de los demás para seguir. Yo ya era su amigo antes
de escribir ese libro, y recuerdo que lo encontré en una presentación y
me quejé de que debía revisar las pruebas de Salón de belleza. En
ese momento me dijo las sabias y dadivosas palabras: "un autor jamás
debe revisar sus propias galeras". Se las entregué, auguró el éxito, e
hicimos una apuesta, que trato de cumplirla cada vez que nos vemos.
¿Por
qué decidiste estudiar en el Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo?
¿Había en ese tiempo una búsqueda de Dios? ¿Crees en algún Dios?
Ese
es un error del que nunca lograré librarme. El que algunos crean que
estudié en un seminario. Lo que sucedió es que una vez alguien llamó a
casa de mis padres para recabar datos sobre cierta enciclopedia de
escritores que se estaba formando. Contestó mi padre, quien de manera
entusiasta contestó el cuestionario a mi nombre sin tener mucha idea de
lo que era mi vida en realidad. Yo hice los Estudios Generales en
Humanidades en la Facultad de Teología de Lima para después trasladarme a
una carrera que me interesara. Estudié allí filosofía y psicología,
para después pasar a cine. Lo curioso es que --a diferencia de muchos de
mis compañeros-- yo iba a la universidad sólo como un testigo
privilegiado, con la única intención de estar dentro de un ambiente
universitario y tener de ese modo material para mi escritura, pues desde
los diez años no he hecho más que escribir. Mi carrera de cine fue
bastante sui generis, porque a lo único que me dediqué mientras
duró fue a ver cine desde la mañana a la noche. Hay que recordar que en
esa época no había la oferta de películas caseras de hoy, y uno sabía
del trabajo de los grandes directores sólo por referencia. Cuando llegué
a la escuela de cine casi me desmayo ante los cientos de DVD con la
historia completa del cine a mi disposición.
II
"PARA
MUCHOS, ESPECIALMENTE EN UNA SOCIEDAD COMO LA LIMEÑA, DA EXACTAMENTE LO
MISMO DESEAR SER ESCRITOR QUE SER UN DROGADICTO CONSUMADO".
¿Qué
es lo primero que recuerdas (la primera imagen que se te viene a la
mente) de ese taller de creación literaria al que acudían escritores,
poetas y periodistas como Iván Thays, Beto Ortiz, Rocío Silva, Alberto Servat?*
¡Cómo íbamos ganando por walkover!
Era terrible ir viendo cómo a cada uno de nuestros compañeros la vida
los iba ganando y abandonaban la escritura. Al final, no quedamos
precisamente los mejores sino los tozudos.
Siguiendo con lo de los talleres de escritura creativa. ¿Crees que sirven de algo?
Sirven
de muchísimo, pero no para lo que los demás creen. Ni para aprender a
escribir ni para lucir los trabajos a los demás. Sirve para acompañarse.
Para hacer de la literatura un universo propio, habitable. No hay nada
más terrible que el tiempo de un joven autor que no puede parar de
escribir y no ha publicado. Es en ese periodo una suerte de paria, de
yonki, de desecho social. Para muchos, especialmente en una sociedad
como la limeña, da exactamente lo mismo desear ser escritor que ser un
drogadicto consumado.
Tu estadía en Cuba revela un amor por el cine. ¿Te ves, más adelante, dándole prioridad a la dirección de largometrajes como Alberto Fuguet o acaso sientes que no es lo tuyo?
En
la escuela de escritores aprendí -aparte de ver cine- a odiar la forma
que se tenía en ese entonces de hacer cine. Forma que supongo dio como
resultado la cantidad de películas mediocres que produjo la gente de mi
generación. Juré no hacer nunca cine, pero ahora casi sin darme cuenta
acabo de dirigir un largo, Bola Negra -el musical de Ciudad Juárez-, que fue un éxito no comercial. Esta próxima semana me preparo para comenzar a dirigir Salón de belleza,
pero lo que pretendo no es hacer necesariamente una película personal,
sino una forma propia de hacer las cosas en cine. Para empezar, todo el
equipo de producción, la cámara, el sonido, la edición, luces, está
conformado por chicos menores de dieciséis años.
Hablando de Salón de belleza, traigo a colación el epígrafe inicial de esa magnífica novela: "Cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana" Yasunari Kawabata ).
El escritor tal vez, durante el proceso creativo es un ser inhumano.
¿No es preciso despojarse de toda "humanidad" para crear a ciertos
personajes?
Por una frase
bien lograda soy capaz de traicionar hasta a mi perro. Jamás
sacrificaría lo que considero un buen libro por razones de orden
personal. Es que se trata de dos universos incomunicables. Si alguien se
ve reflejado en el universo de la ficción es porque tiene un ego no
domado o es un débil mental.
¿Alguna vez has criado peces? ¿Guppys Reales quizás?
Sólo
una vez. Y ahora que lo veo con el tiempo comprendo que es una afición
que va acompañada con la tristeza. El pretexto para hacerlo fue una
pecera que recogí de la casa de mi amiga la escritora Pilar Dughi, una
gran autora y persona que murió antes de tiempo.
Precisamente el final de Salón de belleza es
muy triste. A mí, mi padre nunca me dejó criar peces porque me decía (y
esto se aplicaría al desenlace de tu novela) que traían muchísima mala
suerte. ¿Crees en ese tipo de cosas o te parecen absurdas?
Ya
sólo de planteárselas hay que creerlo. Cuando era niño mi madre
arrojaba al water, mientras yo dormía, cualquier pez que se me
ocurriera llevar a casa. Eso de la mala suerte tendría que ser cierto,
al menos para los peces que encontraba por allí.
En el párrafo final de la novela el personaje principal dice
"siento que es extraña en mí la forma como cada día mis pensamientos
fluyen más de prisa. Creo que antes nunca me detenía tanto a pensar. Más
bien actuaba". ¿Una enfermedad terminal nos obliga a pensar antes de actuar? ¿O, al fin y al cabo, se trata de la madurez?
Pues,
como todo lo escrito por mí, se trata de un lugar común. Creo que mis
libros devuelven a las personas lo que ellos ya saben. No creo que nadie
descubra nada nuevo después de leer un libro hecho por mí.
III
«NO PUEDO CREER EN DIOS PORQUE ME PARECE QUE NO ESTAMOS DOTADOS NI PARA IMAGINARLO, PERO SÍ CREO EN LOS MILAGROS COTIDIANOS.»
"Según
Poeta Ciego se debían crear peluquerías especiales que dieran respuesta
a preguntas de otro orden. Preguntas tales como si el corte obedecía a
alguna razón ideológica o si se trataba de un requisito para entrar en
una secta de perfil místico. Según teorías rudimentarias la cabeza
rapada es como un televisor sin antena. Por eso un individuo rapado es
el único con capacidad de encontrar al Dios que hay dentro de uno mismo", dice un párrafo de tu novela Poeta ciego.
Tú eres (en apariencia) un televisor sin antena. ¿La escritura te ha
ayudado a encontrar al Dios que hay dentro de ti mismo? ¿Cómo
describirías a este Dios?
Yo
soy sufí, orden a la que ingresé sin ninguna pretensión espiritual sino
como si a una escuela de escritores acudiera. Me llamó la atención lo
estricto del sistema que impera para demostrar, por ejemplo, que todo
forma parte de lo mismo. No puedo creer en Dios porque me parece que no
estamos dotados ni para imaginarlo, pero sí creo en los milagros
cotidianos. Que estemos ahora entablando esta comunicación entre tú y yo
es una prueba de ello.
Diana Palaversich, en el prólogo de la Obra reunida, publicada por Alfaguara, señala: "En
el panorama actual de la literatura latinoamericana, dominado en
general por la escritura de corte realista, sea autobiográfico,
histórico, sucio, o hiperrealista, la obra de Mario Bellatin surge como
un proyecto original y arriesgado cuyo objetivo es crear un universo
paralelo que desafía no sólo la lógica del mundo concreto sino también
los preceptos de la literatura realista protagonizada por personajes
verosímiles y caracterizada por textos que despliegan una trama
transparente, fácil de seguir". ¿Cómo decir que no hay autobiografía cifrada (strip-tease invertido, diría Mario Vargas Llosa) en un texto como Rosas de tu libro Flores?
Me rehúso a contestar una pregunta que contiene una metáfora tan desagradable y machista como ésa del strip-tease invertido. Ni que estuviéramos en el Negro-Negro o en el Mocambo.
¿Eres de los que motivan a los escritores en ciernes o, más bien, perteneces a los que disuaden?
¡Sabe
dios!, no creo que exista esa distinción, pero de haberla me gustaría
pertenecer al bando de los que los que disuadan. Escribir es un estado,
no proviene de una intención. Es imposible hacer algo, salvo acompañarlo
y no tratarlo como un estropajo, con un escritor.
¿Cuál fue la última película que te hizo llorar?
Bola Negra -el musical de Ciudad Juárez-. Es la única película de la que puedo ver no sólo su piel sino también sus intestinos.
¿Te gusta participar de congresos de escritores?
No.
Los detesto, sobre todo aquellos donde se establece de inmediato una
suerte de jerarquía entre los invitados. Sin embargo, asisto a ellos con
regularidad, porque con tal de seguir escribiendo soy capaz de hacer
casi cualquier cosa, como publicar, asistir a congresos y contestar
preguntas.
¿A qué escritor muerto te hubiese gustado conocer? ¿Y qué le preguntarías?
A Dostoievski. Le preguntaría cuánto tiempo le llevaba revisar, por ejemplo, las comas de Los Hermanos Karamázov o de El príncipe idiota.
Philip
Roth ha decidido dejar de escribir ficciones. ¿Te ves tomando esa
decisión en algún momento de tu vida o eres de los que piensan que
escribirán ficciones hasta su último día de vida?
Yo no he tomado nunca la decisión de escribir, como consecuencia no estoy en la capacidad de decidir no hacerlo.
¿Qué libro te recomendarías a lea a Alberto Fujimori?
Ninguno. Es posible que un libro le demuestre de una manera más clara el horror en el que está metido.
¿Qué libro le recomendarías a Mario Vargas Llosa?
Como gran lector que es, me gustaría que él me recomendara qué leer. Siempre y cuando sea un libro de literatura.
Hablando
de Vargas Llosa. En algunas declaraciones tuyas uno llega a notar que
no te cae bien (o no compartes muchas de sus opiniones). ¿Qué te parece
su obra?
Pues es
difícil compartir las opiniones con otro. ¿Su obra? Creo que pienso lo
de muchos: algunos libros excepcionales, otros pésimos; y su parte
política, aburridísima, no por su contenido, que sería lo de menos, sino
por la forma tan poco creativa que tiene de repetir sin modificarlas un
ápice ideas de manual.
¿Qué
segunda parte de memorias te gustaría leer, en el supuesto de que fuera
posible, pues al parecer Gabriel García Márquez sufre de Alzheimer: las
de GGM o Vargas Llosa?
Nadie
sabe lo que sucede con García Márquez y tampoco debía importar. No
leería ni primeras ni segundas partes de ninguno de los dos, porque
están muy cercanos en el tiempo --vivos, para no ir más lejos-- y lo que
puedan contar entraría dentro de una lógica de lo que ya sé o puedo
intuir.
¿Te interesan las memorias como género literario? ¿Por qué?
Eso
de los géneros literarios lo veo como una convención en creciente
desuso, y cuando leo algo lo hago por excepción, es decir porque se
trata de un libro que, por alguna razón -que va variando según sea el
caso-, una vez que lo empiezo no lo puedo soltar.
¿Si pudieras reencarnar en alguno de tus personajes a cuál elegirías y por qué?
En todos, porque creo que ellos sí viven la verdadera realidad y no la aburrida de la cotidiana.
¿Con qué selección te hubiese gustado disputar un 'mundial' de narradores? ¿México o el Perú? ¿Y qué mundial?
Odio
el fútbol. No me es indiferente. ¡Lo detesto! Porque no le encuentro el
sentido, y por las interminables horas perdidas en mi infancia
buscándoselo o tratando de que me interesara porque era un medio, lo
sabemos, de inclusión social. Ah, pero jugaría por la selección
mexicana, sin lugar a dudas, aquí nací y aquí vivo.
domingo, 14 de octubre de 2012
"Que los dioses te sean propicios", por Gustavo Faverón.
Hace muchos, muchos años, cuando era chico, salí por algunos meses con
una estudiante de psicología de la Católica, una chica linda,
inteligente, indecisa, de grandes y rápidos entusiasmos. Le gustaba la
poesía. Le leí los poemas de mis autores favoritos.
Le llamaron la atención, sobre todo, los de Antonio Cisneros. Su preferido era un poema muy corto, escrito con ese tono de parodia clásica que Toño usaba, indistintamente, en sus poemas más irónicos y en los más personales.
El poema era una celebración al nacimiento de su primer hijo, un poema de bienvenida al mundo. La chica lo aprendió de memoria (son apenas cuatro líneas). Poco después terminó conmigo. Años más tarde supe que se había casado. Se había casado con el primer hijo del poeta Antonio Cisneros.
Corrieron más años. Una noche conocí a Toño. No recuerdo si fue después del matrimonio de Alonso Rabí o si fue tras la presentación de un libro de Fernando Ampuero (ambas cosas sucedieron en la misma época y a las dos asistí, digamos, como testigo), un grupo de amigos subimos a un automóvil para ir a la casa de alguien. En el automóvil estábamos apiñados yo y una serie de personas demasiado grandes para un solo carro: Alonso Cueto, que manejaba, Fernando Ampuero, Antonio Cisneros.
Le conté a Toño la historia que les acabo de contar, sobre la chica de hacía años, que ahora era su nuera. Le divirtió. Me dijo: "Sobrino, uno no puede andar por ahí leyéndole a las chicas poemas ajenos. Esas cosas siempre cobran vida propia". Esa noche me dijo, también, que yo de perfil parecía un judío de Israel, un sabra, o un apóstol bíblico, lo que era lo mismo, pero que de frente parecía un ateo descarado; que ser ateo estaba muy mal pero que, en medio de todo, él podía respetar el descaro.
Conocer a Toño Cisneros era una cosa muy especial para mí. Cuando estaba en tercero de media, mi mamá me había dado libros suyos, libros de Mario Vargas Llosa y libros de Alfredo Bryce, para que conociera un poco de literatura peruana contemporánea: los libros de Vargas Llosa y Bryce habían sido publicados ese mismo año: eran La guerra del fin del mundo y La vida exagerada de Martín Romaña.
El de Toño, en cambio, era una rara compilación de poemas antiguos, que por algún motivo no habían aparecido en sus libros anteriores. Se titulaba Agua que no has de beber, y era de 1971. Fue el primer libro de poesía que leí sin que me lo hubiera ordenado un profesor. En los siguientes cuatro o cinco meses leí todas las novelas de Vargas Llosa, todos los libros de Bryce y todos los poemarios de Toño. Y mi vocación quedó sellada.
Así que a Toño Cisneros le debo, como a los otros dos, buena parte de lo que soy ahora y de lo que hago ahora. Cuando publiqué mi novela El anticuario quise reconocer esa deuda anteponiéndole al texto un epígrafe de Toño, tomado del poema "Oración":
Cómo hablar del amor, de las colinas blandas de tu reino,
si habito como un gato en una estaca rodeada por las aguas,
Cómo decirle pelo al pelo
diente al diente
rabo al rabo
y no nombrar la rata.
Y cuando nació mi hija Zoe, me fue imposible no recibirla con las palabras de aquel mismo viejo poema que Toño escribió para su hijo:
Oh tu líquida y redonda habitación:
la cómoda, la bien dispuesta, la armoniosa.
Y de pronto en el aire de las cuatro estaciones y los dioses:
que los dioses te sean propicios.
Antonio Cisneros no fue simplemente uno de los mayores poetas en la historia de las letras peruanas: fue una señal de su tiempo y un poderoso motor en el viaje de esa poesía en la segunda mitad del siglo veinte.
Fue ideológica y estéticamente complejo: en sus libros se reúnen elementos muy disímiles: un marxismo heterodoxo; una suerte de utopía garcilasista que si bien a veces vira hacia lo aristocratizante, otras veces se introduce felizmente en lo popular; un afán constante de mestizaje cultural; un historicismo preocupado y punzante; una poderosa unción religiosa que sólo es contenida a veces por la ironía, y una forma única de revisión de los diversos modelos del clasicismo y del barroco que jamás, pese al tono de parodia, se permite la simplificación de descartar o malbaratear esos modelos.
Su poesía no solo está atravesada de ideologías que al común de nosotros nos parecerían contradictorias. También es una consciente reflexión sobre ellas y sobre el asunto mismo de la ideología. Uno de sus poemas más bellos se aproxima al tema de manera conmovedora (porque una de las maravillas de Toño fue su capacidad de conmover profundamente con la discusión filosófica, de convertir la discusión filosófica en lo que nunca debe dejar de ser, finalmente, es decir, en una discusión sobre nuestras propias pequeñas vidas):
Si los hombres viven en la barriga de una ballena
sólo pueden sentir frío y hablar
de las manadas periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y de manadas
periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y sentir mucho frío.
Pero si los hombres no quieren hablar siempre de lo mismo
tratarán de construir un periscopio para saber
cómo se desordenan las islas y el mar
y las demás ballenas -si es que existe todo eso.
Y el aparato ha de fabricarse con las cosas
que tenemos a la mano y entonces se producen
las molestias, por ejemplo
si a nuestra casa le arrancamos una costilla
perderemos para siempre su amistad
y si el hígado o las barbas es capaz de matarnos.
Y estoy por creer que vivo en la barriga de alguna ballena
con mi mujer y Diego y todos mis abuelos
Su obsesión con los nacimientos y los cementerios, por ejemplo, parece barroca, y hondamente cristiana, y sin embargo él la convierte en una reflexión perpetua sobre la historia, sobre las reiteraciones y los ciclos de la historia, desde una perspectiva que sólo su fe salva de ser enteramente materialista. Nacimiento y muerte son las señales del tiempo: son ingresos en esferas inesperadas. Hoy que él entra en una de ellas, hay que pedir que los dioses le sean propicios.
Le llamaron la atención, sobre todo, los de Antonio Cisneros. Su preferido era un poema muy corto, escrito con ese tono de parodia clásica que Toño usaba, indistintamente, en sus poemas más irónicos y en los más personales.
El poema era una celebración al nacimiento de su primer hijo, un poema de bienvenida al mundo. La chica lo aprendió de memoria (son apenas cuatro líneas). Poco después terminó conmigo. Años más tarde supe que se había casado. Se había casado con el primer hijo del poeta Antonio Cisneros.
Corrieron más años. Una noche conocí a Toño. No recuerdo si fue después del matrimonio de Alonso Rabí o si fue tras la presentación de un libro de Fernando Ampuero (ambas cosas sucedieron en la misma época y a las dos asistí, digamos, como testigo), un grupo de amigos subimos a un automóvil para ir a la casa de alguien. En el automóvil estábamos apiñados yo y una serie de personas demasiado grandes para un solo carro: Alonso Cueto, que manejaba, Fernando Ampuero, Antonio Cisneros.
Le conté a Toño la historia que les acabo de contar, sobre la chica de hacía años, que ahora era su nuera. Le divirtió. Me dijo: "Sobrino, uno no puede andar por ahí leyéndole a las chicas poemas ajenos. Esas cosas siempre cobran vida propia". Esa noche me dijo, también, que yo de perfil parecía un judío de Israel, un sabra, o un apóstol bíblico, lo que era lo mismo, pero que de frente parecía un ateo descarado; que ser ateo estaba muy mal pero que, en medio de todo, él podía respetar el descaro.
Conocer a Toño Cisneros era una cosa muy especial para mí. Cuando estaba en tercero de media, mi mamá me había dado libros suyos, libros de Mario Vargas Llosa y libros de Alfredo Bryce, para que conociera un poco de literatura peruana contemporánea: los libros de Vargas Llosa y Bryce habían sido publicados ese mismo año: eran La guerra del fin del mundo y La vida exagerada de Martín Romaña.
El de Toño, en cambio, era una rara compilación de poemas antiguos, que por algún motivo no habían aparecido en sus libros anteriores. Se titulaba Agua que no has de beber, y era de 1971. Fue el primer libro de poesía que leí sin que me lo hubiera ordenado un profesor. En los siguientes cuatro o cinco meses leí todas las novelas de Vargas Llosa, todos los libros de Bryce y todos los poemarios de Toño. Y mi vocación quedó sellada.
Así que a Toño Cisneros le debo, como a los otros dos, buena parte de lo que soy ahora y de lo que hago ahora. Cuando publiqué mi novela El anticuario quise reconocer esa deuda anteponiéndole al texto un epígrafe de Toño, tomado del poema "Oración":
Cómo hablar del amor, de las colinas blandas de tu reino,
si habito como un gato en una estaca rodeada por las aguas,
Cómo decirle pelo al pelo
diente al diente
rabo al rabo
y no nombrar la rata.
Y cuando nació mi hija Zoe, me fue imposible no recibirla con las palabras de aquel mismo viejo poema que Toño escribió para su hijo:
Oh tu líquida y redonda habitación:
la cómoda, la bien dispuesta, la armoniosa.
Y de pronto en el aire de las cuatro estaciones y los dioses:
que los dioses te sean propicios.
Antonio Cisneros no fue simplemente uno de los mayores poetas en la historia de las letras peruanas: fue una señal de su tiempo y un poderoso motor en el viaje de esa poesía en la segunda mitad del siglo veinte.
Fue ideológica y estéticamente complejo: en sus libros se reúnen elementos muy disímiles: un marxismo heterodoxo; una suerte de utopía garcilasista que si bien a veces vira hacia lo aristocratizante, otras veces se introduce felizmente en lo popular; un afán constante de mestizaje cultural; un historicismo preocupado y punzante; una poderosa unción religiosa que sólo es contenida a veces por la ironía, y una forma única de revisión de los diversos modelos del clasicismo y del barroco que jamás, pese al tono de parodia, se permite la simplificación de descartar o malbaratear esos modelos.
Su poesía no solo está atravesada de ideologías que al común de nosotros nos parecerían contradictorias. También es una consciente reflexión sobre ellas y sobre el asunto mismo de la ideología. Uno de sus poemas más bellos se aproxima al tema de manera conmovedora (porque una de las maravillas de Toño fue su capacidad de conmover profundamente con la discusión filosófica, de convertir la discusión filosófica en lo que nunca debe dejar de ser, finalmente, es decir, en una discusión sobre nuestras propias pequeñas vidas):
Si los hombres viven en la barriga de una ballena
sólo pueden sentir frío y hablar
de las manadas periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y de manadas
periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y sentir mucho frío.
Pero si los hombres no quieren hablar siempre de lo mismo
tratarán de construir un periscopio para saber
cómo se desordenan las islas y el mar
y las demás ballenas -si es que existe todo eso.
Y el aparato ha de fabricarse con las cosas
que tenemos a la mano y entonces se producen
las molestias, por ejemplo
si a nuestra casa le arrancamos una costilla
perderemos para siempre su amistad
y si el hígado o las barbas es capaz de matarnos.
Y estoy por creer que vivo en la barriga de alguna ballena
con mi mujer y Diego y todos mis abuelos
Su obsesión con los nacimientos y los cementerios, por ejemplo, parece barroca, y hondamente cristiana, y sin embargo él la convierte en una reflexión perpetua sobre la historia, sobre las reiteraciones y los ciclos de la historia, desde una perspectiva que sólo su fe salva de ser enteramente materialista. Nacimiento y muerte son las señales del tiempo: son ingresos en esferas inesperadas. Hoy que él entra en una de ellas, hay que pedir que los dioses le sean propicios.
Vuelve "El pez de oro" ...
Una muy buena noticia: El pez de oro, de Gamaliel Churata ha sido editado por Cátedra para su colección Letras Hispánicas. La edición y el estudio han sido realizados por Helena Usandizaga, docente de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ahora queda esperar su llegada a las librerías limeñas.
Entrevista a Carlos Rengifo...

A propósito de la aparición de su más reciente novela, El dolor en los labios, Carlos Rengifo es entrevistado por Carlos Sotomayor para el blog Letra Capital.
Fuente: LetraCapital
–¿Cómo surge El dolor en los labios?
Surge de mi viaje a Huamanga, a un encuentro de escritores al que me invitaron. Y me llamó la atención una ciudad tan tranquila, calurosa, con gente muy amable. Pero también me llamó la atención la misma ciudad: su arquitectura, sus iglesias. Entonces, comenzamos a recorrer la ciudad. Y también por una idea de Willy del Pozo, quien quería que los escritores escriban cuentos ambientados en Ayacucho. Pero a mí me interesaba más escribir una novela. Conocí, entonces, a una chica, una estudiante que me comenzó a su contar su vida, un poco trágica, pero de una vivencia actual. Ella no conocía nada de Sendero ni de lo que había pasado. No sabía, incluso, quién era Edith Lagos. Me llamó la atención esa historia y de allí partió la idea. Y ya con la idea de que debía estar ambientada en Huamanga, me puse a pensar en qué personajes importantes o destacados podían entrar en la novela, porque quería hacer una novela de mujeres.
–Y así aparecen las tres protagonistas de la novela…
Sí, la primera idea era la chica estudiante, que se convirtió en Evangelina en la novela. Pero quería matizar eso con la historia de Huamanga. Entonces, me puse a pensar primero en Edith Lagos, que era algo más reciente, de los años 80, la época del senderismo. Y quería hacer un contraste con un personaje emblemático ayacuchano: María Parado de bellido. Se me vinieron, entonces, esas tres mujeres a la cabeza y quise hacer una historia que combinara las tres historias de estas mujeres. La novela es la historia de estas tres mujeres que viven en Huamanga pero en distintas épocas. Mi idea era hacer un poco protagonista a la ciudad.
–Tres mujeres que tienen algo en común, a pesar de vivir épocas distintas…
Digamos que lo común que tienen es la violencia que han padecido, de distinta manera, y que han logrado salir de ella a su manera.
–¿Definiste la estructura desde el inicio?
Sí, desde el inicio. Tenía las tres protagonistas y me puse a pensar de qué manera las voy a presentar. Cómo voy a hacer esto si son historias de épocas distintas. Entonces, me plantee esta estructura de hacer pequeñas viñetas e irlas combinando. Así sale la estructura, intercalando las viñetas.
–Para reunirse al final…
Claro, la idea era que se reunieran. Iba contando las historias de forma paralela pero no sabía cómo juntarlas. Pero al final salió de manera natural.
–Si uno repasa tus novelas la presencia de personajes femeninos protagónicos es una recurrencia. ¿A qué se debe eso?
Porque siempre me interesaron las mujeres. Viví rodeado de muchas mujeres en mi familia: tengo tías, primas. Y siempre, por ejemplo, que leía un libro o veía una película me llamaba la atención la mujer como personaje. Porque me parece que la mujer como personaje es más rico. Y tal vez lo digo yo como hombre. Las mujeres como personajes son ricos en matices, psicológicamente. No es que me haya propuesto escribir sobre ellas, me salió de manera natural.
–Tengo entendido que Ediciones Altazor reeditará en breve la novela con la que ganaste el Premio del BCR.
Sí, El jardín de la doncella, que me parece que ya salió, va a estar en la Feria del Libro Ricardo Palma. Es una novela histórica, ambientada en Lima en el siglo XVII. Es la vida de una beata, desde que naca hasta su muerte. Y hay también en la novela un trabajo de lenguaje, porque he tenido que explorar el habla de esa época. He tenido que leer archivos y meterme un poco en ese mundo para recrear históricamente esa época y mostrarla de manera verosímil.
viernes, 17 de agosto de 2012
Inauguración de Librería Sur ...

Inauguración :
Jueves 24 de agosto a las 7 de la noche, en Pardo y Aliaga 683.
Entrevista a Leopoldo Brizuela ...

Hace unos días estuvo en Lima el escritor argentino Leopoldo Brizuela para presentar su novela Una misma noche , Premio Alfaguara 2012. Comparto esta entrevista que le realizó Pedro Escribano para La República .
FUENTE: Diario La República
Era un niño cuando fue testigo de una operación de rastrilllaje en su edificio durante los años de la dictadura. Tuvo miedo y solo optó por tocar el piano. Leopoldo Brizuela, ganador del premio de Novela Alfaguara 2012 con Esa misma noche, recrea esa experiencia y la extiende a la vida argentina tras el horror de la dictadura del general Rafael Videla.
-¿La novela da cuenta del miedo que ha sedimentado la dictadura argentina?
Sí, del fondo, de la superficie, de lo profundo. Es el gran enigma de por qué se tiene tanto miedo, por qué ha quedado el miedo y, sobre todo, cómo ese miedo nos condiciona. El personaje está guiado básicamente por esa intención, el de tratar de encontrar en sus memorias las razones por las que se tiene tanto miedo y con la esperanza que ese miedo deje de movilizarlo.
-El personaje, el periodista y escritor Leonardo Bazán se convierte un detective en este policial.
Sí, claro, exactamente. A mí me encantan todas las novelas policiales. Hace mucho que en el policial se preguntan qué nuevos personajes tienen que aparecer, porque, bueno, ya los personajes viejos, de las novelas policiales tradicionales, son poco creíbles. Que un detective está dispuesto a jugarse por un enigma ya nadie se la cree. En cambio, el escritor que quiere investigar en su propio pasado y, sobre todo, para escribir una buena novela, me parece que era un detective muy convincente.
-Ha dicho que esta novela no sobre la dictadura, sino de un hecho que pasó en tiempos de la dictadura.
Es verdad, yo creo que lo que me interesaba más que nada al escribir era la vivencia de un chico de 9 años que está a punto de entrar al grupo de los varones, en la masculinidad adulta, y lo que el adivina, lo que él va percibiendo en la sociedad adulta. Por supuesto, vivo como todos esto que es universal, pero, claro, eso se ve más claro en las dictaduras y las guerras.
-Bordea sutilmente lo que son las secuelas de la dictadura.
Sí, porque, además, la novela no enfoca los hechos o los episodios más habituales, ni siquiera derramamiento de sangre. Recuerdo la experiencia de las personas, y de ellas salieron esas pequeñas cosas por las que también se cuela el horror, como pequeñas vivencias cotidianas, que ni siquiera integrarían historias, ni prontuario, ni nada, pero permitieron que se colara el horror en cada uno de nosotros.
-Un horror que, sin embargo, otros buscan callar, silenciarlo.
Algunos porque les parece vergonzantes y cuesta pudor y, sin embargo, ha habido gente que la pasó tanto peor.
-¿Y por qué callarlo?
Bueno, siempre encuentran un pretexto, una excusa para eso y no se animan a enfrentar el horror, solo algunos se animan. El periodista, el escritor sí está obligado a no callar.
-¿Una novela que aviva la memoria sobre la dictadura?
Lo que yo digo a partir de esta novela es que yo creo que la memoria siempre está a veces consciente y a veces no, pero está para no dejar que las cosas se repitan. Pero en la novela existe un montón de cosas por la culpa y por el miedo. Algunas veces por miedos reales, y otras por miedos agrandados o imaginados. “Te va a pasar algo tremendo”, me decían.
-¿Y su novela apareció cuando se ventilaban juicios contra personajes de la dictadura?
Sí, esos juicios también sirven para ver cómo reaccionan los ciudadanos y cómo se acuerdan de sus propias cosas. Mi personaje a cada momento está reenviado hacia su pasado.
-¿Cuál es su vecindad o relación con la narrativa peruana?
Bueno, están los clásicos, entre ellos, soy devoto de Julio Ramón Ribeyro desde hace muchísimo. Con todo mi respeto para Vargas Llosa, pero pasión siempre será para Ribeyro.
-¿Qué hallas en Ribeyro?
Es el Chéjov sudamericano. La sutileza, la humildad, la modernidad a pesar de que digan que es un escritor tradicional. Pero no, si uno compara un cuento de él con el primer capítulo de Conversación de la catedral, parece que fuera más tradicional, pero es de una simpleza conseguida con mucho trabajo y profundidad.
-¿Cuándo conoció a Ribeyro?
En 1999, me lo recomendó la escritora Cociancich. Parece que a Bioy Casares le gustaba mucho Ribeyro.
-¿Le consta eso?
Sí, porque Cociancich era íntima amiga de Bioy, y Bioy le recomendó a Ribeyro.
Datos
EL AUTOR. Nació en La Plata en 1963. Estudió Letras en la Universidad de La Plata, Además de escritor es traductor. Este año ganó el Premio de Novela Alfaguara 2012.
OBRAS. Novelas: Tejiendo agua, Inglaterra. Una fábula, Lisboa. Un melodrama, Los que llegamos más lejos (cuentos) y Fado (poemas).
-¿La novela da cuenta del miedo que ha sedimentado la dictadura argentina?
Sí, del fondo, de la superficie, de lo profundo. Es el gran enigma de por qué se tiene tanto miedo, por qué ha quedado el miedo y, sobre todo, cómo ese miedo nos condiciona. El personaje está guiado básicamente por esa intención, el de tratar de encontrar en sus memorias las razones por las que se tiene tanto miedo y con la esperanza que ese miedo deje de movilizarlo.
-El personaje, el periodista y escritor Leonardo Bazán se convierte un detective en este policial.
Sí, claro, exactamente. A mí me encantan todas las novelas policiales. Hace mucho que en el policial se preguntan qué nuevos personajes tienen que aparecer, porque, bueno, ya los personajes viejos, de las novelas policiales tradicionales, son poco creíbles. Que un detective está dispuesto a jugarse por un enigma ya nadie se la cree. En cambio, el escritor que quiere investigar en su propio pasado y, sobre todo, para escribir una buena novela, me parece que era un detective muy convincente.
-Ha dicho que esta novela no sobre la dictadura, sino de un hecho que pasó en tiempos de la dictadura.
Es verdad, yo creo que lo que me interesaba más que nada al escribir era la vivencia de un chico de 9 años que está a punto de entrar al grupo de los varones, en la masculinidad adulta, y lo que el adivina, lo que él va percibiendo en la sociedad adulta. Por supuesto, vivo como todos esto que es universal, pero, claro, eso se ve más claro en las dictaduras y las guerras.
-Bordea sutilmente lo que son las secuelas de la dictadura.
Sí, porque, además, la novela no enfoca los hechos o los episodios más habituales, ni siquiera derramamiento de sangre. Recuerdo la experiencia de las personas, y de ellas salieron esas pequeñas cosas por las que también se cuela el horror, como pequeñas vivencias cotidianas, que ni siquiera integrarían historias, ni prontuario, ni nada, pero permitieron que se colara el horror en cada uno de nosotros.
-Un horror que, sin embargo, otros buscan callar, silenciarlo.
Algunos porque les parece vergonzantes y cuesta pudor y, sin embargo, ha habido gente que la pasó tanto peor.
-¿Y por qué callarlo?
Bueno, siempre encuentran un pretexto, una excusa para eso y no se animan a enfrentar el horror, solo algunos se animan. El periodista, el escritor sí está obligado a no callar.
-¿Una novela que aviva la memoria sobre la dictadura?
Lo que yo digo a partir de esta novela es que yo creo que la memoria siempre está a veces consciente y a veces no, pero está para no dejar que las cosas se repitan. Pero en la novela existe un montón de cosas por la culpa y por el miedo. Algunas veces por miedos reales, y otras por miedos agrandados o imaginados. “Te va a pasar algo tremendo”, me decían.
-¿Y su novela apareció cuando se ventilaban juicios contra personajes de la dictadura?
Sí, esos juicios también sirven para ver cómo reaccionan los ciudadanos y cómo se acuerdan de sus propias cosas. Mi personaje a cada momento está reenviado hacia su pasado.
-¿Cuál es su vecindad o relación con la narrativa peruana?
Bueno, están los clásicos, entre ellos, soy devoto de Julio Ramón Ribeyro desde hace muchísimo. Con todo mi respeto para Vargas Llosa, pero pasión siempre será para Ribeyro.
-¿Qué hallas en Ribeyro?
Es el Chéjov sudamericano. La sutileza, la humildad, la modernidad a pesar de que digan que es un escritor tradicional. Pero no, si uno compara un cuento de él con el primer capítulo de Conversación de la catedral, parece que fuera más tradicional, pero es de una simpleza conseguida con mucho trabajo y profundidad.
-¿Cuándo conoció a Ribeyro?
En 1999, me lo recomendó la escritora Cociancich. Parece que a Bioy Casares le gustaba mucho Ribeyro.
-¿Le consta eso?
Sí, porque Cociancich era íntima amiga de Bioy, y Bioy le recomendó a Ribeyro.
Datos
EL AUTOR. Nació en La Plata en 1963. Estudió Letras en la Universidad de La Plata, Además de escritor es traductor. Este año ganó el Premio de Novela Alfaguara 2012.
OBRAS. Novelas: Tejiendo agua, Inglaterra. Una fábula, Lisboa. Un melodrama, Los que llegamos más lejos (cuentos) y Fado (poemas).
Tercer concurso de cuento y poesía Manuel Scorza ...

BASES DEL CONCURSO
1.- Podrán participar
todos los alumnos que estén matriculados en el pregrado de la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos (salvo los ganadores, primeros y
segundos puestos, de las dos versiones anteriores del concurso).
2.-El tema es libre.
3.-Los textos deberán
ser originales e inéditos. De haber sido presentados en versiones
impresas o virtuales, en algún otro medio o concurso, la descalificación
será inmediata.
- Cuento: Se presentará un relato. La extensión máxima será de quince páginas y deberá presentarse digitado por una sola cara en papel A4, a espacio y medio, en letra tipo Arial punto 12.
- Poesía: Se presentará un conjunto de poemas. La extensión máxima será de veinte páginas y deberá presentarse digitado por una sola cara en papel A4, a espacio y medio entre líneas, en letra tipo Arial punto 12.
4.-Los participantes concursarán bajo seudónimo.
5.-Los trabajos se
presentarán en papel –tres ejemplares legibles, numerados en el extremo
inferior derecho y engrapados-. Los ejemplares deberán estar dentro de
un sobre tamaño carta o similar cerrado, cada uno; en el exterior,
deberá estar consignado el correspondiente seudónimo y el título del
cuento o conjunto de poemas. Cada ejemplar impreso deberá contar con una
carátula en la que se consignará el nombre del cuento y el seudónimo
del participante. Además, en el interior, deberá estar un sobre pequeño
con los nombres y apellidos del autor, lugar de nacimiento, domicilio,
dirección electrónica y teléfono (fijo y/o móvil).
6.-Los trabajos deberán ser dejados en la oficina del Tercio Estudiantil Minoría -3er piso de la FLCH– Ciudad Universitaria.
7.-Serán premiados los
dos (2) mejores trabajos en cada una de las categorías, además de tres
menciones honrosas. Los premios serán: 1er Puesto: Diploma y 500 nuevos
soles; 2do Puesto: Diploma y 300 nuevos soles; y menciones honrosas:
Diplomas.
8.-El fallo será
inapelable y se dará a conocer el día 16 de noviembre por medio de la
Red Social del Grupo de Estudios Literarios Latinoamericanos. El grupo
se reserva los derechos para la primera edición de los trabajos por el
periodo de un año.
9.-Finalizado el concurso, los trabajos recibidos que no hayan resultado ganadores serán destruidos.
10.-Cualquier caso no previsto en las presentes bases se resolverá a criterio del Jurado Calificador y de los organizadores.
11.-En caso de que
algún ganador no pueda estar presente el día de la premiación, tendrá un
plazo de quince (15) días útiles para contactarse con el Comité
Organizador y coordinar una posterior entrega del premio. La
programación de dicha fecha será decidida por los organizadores.
12.-La participación en este certamen implica la aceptación de todos los puntos antes señalados.
CRONOGRAMA:
Convocatoria: Desde el 3 de agosto hasta el 22 de octubre.
Resultados: Lunes 26 de noviembre.
Premiación: Jueves 6 de diciembre.
ORGANIZA:
GRUPO DE ESTUDIOS LITERARIOS LATINOAMERICANOS-UNMSM
AUSPICIADORES:
- Tercio Estudiantil Minoría – Participemos por Letras.
- Asamblea Universitaria.
- Consejo Universitario.
CONSULTAS E INFORMES:
grupodeestudiosliterarios.acp@gmail.com
tercerconcursomanuelscorza@gmail.com
lunes, 16 de julio de 2012
Disco-libro "Cascabel" de Jorge Millones ...
Puedes conseguirlo en nuestras oficina: Jr. 6 de Agosto 838, interior E o escribiendo al correo: millonesjorge@gmail.com
"Ampuero: Cuentos, relatos, artículos ... y poemas" , por Gabriel Ruíz Ortega ...

Hace algunas semanas se publicó Antología personal (Punto de lectura, 2012), de Fernando Ampuero. A propósito de esta publicación, comparto este artículo de Gabriel Ruíz Ortega.
Fuente: La fortaleza de la soledad
Algo de experiencia
tengo en estos negocios de las antologías. En realidad no es para nada difícil,
solo hay que conocer bien el universo del cual quieres llevar a cabo tu
escogencia. Y claro, es necesaria una distancia, una mirada fría con respecto
del material que vas a trabajar. Aunque también
hay que desahuevarse y dejar de lado los amiguismos y las vendetas personales.
¿Pero qué ocurre cuando
un autor tiene que seleccionar su propia obra? En este caso, los parámetros
mencionados en el párrafo anterior se van a tacho. No hay distancia, queda de
lado la objetividad. Se hace la criba desde el terreno del sentimentalismo,
hasta se llega a creer que todo lo que se ha escrito es maravilloso. Entonces
el autor debe atenerse a las consecuencias de su ego y terquedad.
En tiempo record llegó
a mis manos Antología personal (Punto
de Lectura, 2012) de Fernando Ampuero. Cuentos. Poemas. Prosas. A secas.
Conozco bien la narrativa
de este autor, a quien, dicho sea, le está yendo mejor, como escritor, desde
que dejó El Comercio. Y la opinión favorable que tenía de su obra se ha reforzado
considerablemente. Pero siento algo de desazón, puesto que debió asesorarse,
dejar que sea otro quien realice el filtro. Claro, se dirá que si eso pasaba,
el libro ya no sería una antología personal. Pero eso a quién diablos le
importa. Todo vale en pos de antologías redondas, y con mayor razón cuando son
personales.
Ampuero acierta en la
sección Cuentos. Aquí nos topamos con cumbres de la cuentística peruana
contemporánea, como “Taxi Driver sin Robert De Niro”, “Malos modales”, “Voces”,
Bicho raro”, “Kim Novak en París” y “La aventura”. Pero también leemos uno muy
sobredimensionado. “El departamento”. Buena historia, pésimo tratamiento. Pero
en fin. No es culpa suya, sino del crítico Gustavo Faverón, que lo incluyo,
rescatándolo de un número de Caretas de los ochenta, en su antología sobre la
violencia política Toda la sangre.
Nuestro autor salvó al cuento de la guadaña porque ya es parte de una antología
importante, quizá la mejor que se publicó en la década anterior.
Las secciones Relatos y
Artículos pudieron formar una sola. Es casi perfecta. Y lo es no por la
alternancia de textos flojos, sino omisión de algunos que no sé por qué no
integran el volumen. Pienso en “La teoría de la malagua. Narradores peruanos de
fin de siglo”.
En ambas secciones es
posible detectar una mirada distinta, un humor fino y a la vez callejero, capaz
de elevar tópicos en apariencia remanidos. Gracias a su pluma adquieren otra
tonalidad, ajena a la fugacidad de la escritura periodística. Al respecto,
hasta sus más acérrimos detractores estarán de acuerdo con este servidor.
Definitivamente,
Ampuero tiene muchos amigos y amigas. Y entre ellos algún que otro escritor y
varias lectoras empedernidas y serias… Por eso me atrevo a especular, es lo que
me queda para intentar explicarme la justificación de la sección Poemas. O sea,
ninguno de ellos ha sido capaz de decirle que no es poeta. Si le hubieran dicho
que es un mal poeta, sería excesivo, porque estaríamos aceptándolo como vate. Y no, pues. Así no se juega…
Por cierto, en la
contratapa del libro figura un párrafo de Washington Delgado sobre el Ampuero poeta : “Ampuero
es un poeta extremado y original”.
Sin comentarios,
Delgado se pasó de generoso.
Yo no soy amigo de
Ampuero, pero me consta su buen talante para las críticas, e imagino que aún más
para con la verdad. En tal sentido, querido Fernando, no eres poeta. Lo tuyo ha sido, es y será la Narrativa.
jueves, 28 de junio de 2012
Cinco años de "Generación Cochebomba", de Martín Roldán Ruiz ...

Este texto, de autoría de Gabriel Ruiz Ortega, fue leído en la Casa de la Literatura Peruana por los 5 años de la publicación de Generación Cochebomba, novela escrita por Martín Roldán Ruiz.
FUENTE: LaFortalezaDeLaSoledad
Lo mejor es empezar por
las verdades contundentes: Generación Cochebomba,
de Martín Roldán Ruiz, quedará como una de las novelas más ambiciosas y
logradas del decenio 2000 – 2010. Novela coral y sucia a la vez. Novela de
historia e historias. Novela de sensibilidad honesta, de esas que aparecen, y
eso, cada generación.
Antes de escribir estas
líneas, me preguntaba por las circunstancias que rodearon su publicación. Al
respecto debo decir que Martín es mi amigo, pero no tengo la más mínima idea de
cómo fue su proceso de edición, lo que sé es que la editó él mismo. Es que
seamos francos, conozco pocos casos de novelas, o libros en general, que se
hayan abierto paso por sí solos. Ni Martín ni su novela recibieron la ayuda tan
característica de la “otra literatura”, la de los contactos en prensa, el
amiguismo del crítico y la mención, previa evacuación en el baño, de
renombrados narradores locales durante una cena.
En los últimos años se
ha venido diciendo que la narrativa peruana debía encontrar nuevos cauces
temáticos y estilísticos. Se pensaba que ya se había dicho todo con el realismo
y sus variantes, que genuinas obras maestras entregó a la tradición narrativa
peruana. Era hora pues de virar el discurso, de nutrirse de autores referentes
de otras tradiciones y rescatando a los peruanos que habían desarrollado una
poética a contracorriente del imperante realismo. Por un tiempo escuchaba a las
nuevas voces referirse a Martín Adán (La
casa de cartón), Gastón Fernández, José B. Adolph, Iván Thays, Clemente
Palma como influencias patentes y latentes. Leía los textos de aquellos
plumíferos y me resultaba evidente que estábamos en una etapa de búsqueda, en
pos de una afirmación con la que no se debía fallar. Hubo buenos saludos, y
claro, algunos exagerados. Más de uno pensó que el realismo había llegado a su
final, y éramos testigos de lo que podría ser la germinación de una nueva
vertiente narrativa, a la que tendríamos que soportar un lustro, por lo menos.
Y así fue…
Una gran novela
realista urbana, publicada a mediados de los noventa, fue, sin duda alguna, Al final de la calle, de Óscar Malca. Obviamente,
consignar este título demandó de este escriba una fugaz criba en su memoria. En
los noventa muchos se lanzaron a publicar libros insertados en el realismo
sucio, los cuales no pocos eran deleznables y el hecho que haya sobrevivido solo
uno, dice mucho, pues quedó el que debió, y encomiendo a los lectores a leerlo
y desprejuiciarse desde ya, puesto que el realismo sucio, o el realismo, sí tuvo
algo que decir, y en lo único que quedó, se dijo mucho. Ahora, a inicios de la
década pasada tuvimos la aparición de la última novela de la calle y el rock,
la hoy novela de culto Nuestros años
salvajes de Carlos Torres Rotondo. Con ella, más de uno le puso un gran
punto final al realismo escrito por los entonces escritores jóvenes.
Cuando creíamos que el
realismo, realismo sucio, realismo urbano, o cómo diablos quiera llamársele,
había muerto, se publicó Generación
Cochebomba. Todavía recuerdo la noche que leí la novela. El poeta Armando
Alzamora me había hablado de ella. “La tienes que leer, Brother”. Y fue el
mismo Armando quien me presentó a Martín en De Grot (ex Negro Negro), una noche
de abril de 2008. Aquella vez se me entregaron la novela y al llegar a casa
empecé a leerla. Me gustó mucho su lectura, se sentía el fuego de la prosa y un
trabajo estructural valioso que pocas veces he visto en autor debutante. En los
meses siguientes llegué a dedicarle al libro más de un post en La fortaleza de
la soledad, mi blog. Y en esto no tiene nada que ver que Martín sea uno de los
líderes centrales del Comando Sur de Alianza Lima, tal y como algunos payasos
decían por ahí.
Hace un momento dije
algunas palabras sobre lo que deberíamos llamar La otra literatura. Como dije, Generación Cochebomba no necesitó de esa
otra manera de sacar adelante una carrera creativa. Esta novela me ha brindado
la posibilidad de experimentar lo que es la justicia literaria. He sido testigo
de la mejor prensa y difusión que un autor puede anhelar: la del reconocimiento
del lector de a pie, del boca a boca que hizo que esta publicación sea
considerada uno de los puntos mayores del realismo en la tradición narrativa
peruana. Estamos, señores, ante un clásico contemporáneo, y sin necesidad de
las recomendaciones de Mario Montalbetti, Julio Ortega y Mirko Lauer, a quienes
debemos los mayores desaciertos sobre autores peruanos en los últimos años.
Ahora.
¿En qué radica la vigencia de Generación
Cochebomba? He pensando en una posible respuesta que haga el amago de
acercarnos a su lozanía y vigor proyectivo. No puedo decir que sea el lenguaje,
en absoluto. El estilo de nuestro autor deviene en funcional, no es
protagonista, como sí en otras novelas y cuentarios que aparecieron en el año de
su publicación. La novela que hoy celebramos no pudo erigirse debido a una
elasticidad estilística, de haber sido estaríamos ante una mariconada percibida
como posera y llevada a puerto desde la distancia, delatada desde las primeras
líneas por su axiomática falsedad. Aquí nos topamos con un destilo duro y más
de las veces conciso, creando de esta manera un aliento poético fiel al mundo
que quiere representar: la de una generación de muchachos perdidos, indecisos
en cuanto al derrotero a seguir en sus vidas, llenos de rebeldía y seguidores
de un anarquismo drogo característico de la época.
Imagino
que Martín es uno y todos los personajes. Y no es lugar común decirlo. Creo que
más de uno de los presentes se ha sentido más que identificado con las varias
sensibilidades plasmadas en estas páginas. He pensando en qué radica la
contundencia de estas múltiples configuraciones. No es novedad que nuestro
autor fue un actor estelar y también de reparto de las correrías diurnas y
nocturnas que nos presenta Generación
Cochebomba, y es en este detalle en donde descansa la fuerza nutricia de la
novela. Generación Cochebomba fue escrita
desde la cercanía y la distancia. La cercanía porque Martín conocía el mundo
del que iba a escribir, de la distancia porque no se adentró en la empresa bajo
el imperio tramposo de la inmediatez acicateada por el entusiasmo. ¿Qué quiere
decir esto? Fácil: la madurez narrativa que se ve en Generación Cochebomba es hija de su madurez personal.
No
es necesario haber sido parte de los ochenta para tener conocimiento de causa
de lo que Martín nos cuenta; no es necesario imaginar si hubiéramos tenido que
decidir entre Sendero Luminoso, la delincuencia y el rock. No tiene sentido
lamentarnos. Solo basta acercarnos a estas páginas y vivir esas vicisitudes en
la experiencia de la palabra, experiencia deparada por los genuinos escritores
de raza.
Muchas
gracias.
Entrevista a Ricardo Sumalavia ...
Ricardo Sumalavia estuvo de paso por Lima para presentar su más reciente novela : Mientras huya el cuerpo. Aquí una entrevista de Carlos Sotomayor.
FUENTE: LetraCapital
Ricardo Sumalavia, quien radica desde hace varios años en la ciudad de Burdeos (Francia), estuvo de paso por Lima para presentar Mientras huya el cuerpo (Estruendomudo, 2012). Se trata de una estupenda novela que nos revela la manera como se va construyendo un relato policial.
Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
–Se suele decir que una novela surge a partir de una una idea o imagen inicial, es ese sentido, cuál fue el disparador de Mientras huya el cuerpo.
Si he de partir de una imagen, creo que sin duda te diría la de un hombre atado a una silla. A partir de esta se pueden decir y escribir muchas cosas. Surgen muchas preguntas. Luego la presencia de un detective, y que fuera justamente él el hombre atado a esa silla, vino de una manera natural. Desde ya empezaba con el héroe en problemas, solo, en medio de una habitación abandonada, aguardando que alguien más, o nadie, decidiera su destino. De aquí la madeja va sola, para atrás y para adelante. A este sujeto se le iba la vida, su materialidad, su realidad, y con él la memoria de los otros. Yo tuve una necesidad de hablar de esos instantes, de hurgar en ellos, y así va apareciendo una investigación, policial de un lado, vinculado con el Perú de fines de los noventa, y otra en un sentido más amplio, analizando incluso las fichas antes de moverlas.
–¿En qué momento y cómo decides la estructura que finalmente tiene la novela?
Como sabes, la novela, luego del cuento policial que le da inicio, es una suma de fragmentos que buscan dar una explicación a cada elemento de ese cuento. Esto me llevaba a cierto caos, pues la novela también tiene como principio la dispersión, dejarme llevar libremente para encontrar la motivación última, a veces intelectual, otras íntima, personal, de cada pasaje. Por esa razón, después de todo ese rastreo, que pasa desde mis años de infancia en Barrios Altos, mis lecturas, mi formación como escritor, mi vida fuera del Perú, crímenes de mujeres apuñaladas en diferentes épocas, etc., se impuso la necesidad de darle una aparente coherencia, y que mejor que hacerlo desde el propio caos. De allí ese final como un torbellino.
–Si bien tiene elementos de la novela policial, Mientras huya el cuerpo explora otras cosas.
El género policial me ofrecía varias estretagias narrativas que se ajustaban bien a lo que quería contar. Claro, me aprovecho de este género como de tantos otros; como me aprovecho también de mi experiencia con el microcuento. En este caso el policial como base me permitía una dosis de reflexión sobre lo que pasó en el Perú en las dos últimas décadas. Por supuesto, es ante todo una reflexión para mí. No pretendo explicarle nada a nadie. En todo caso, comparto todas mis dudas, mis cuestionamientos sobre un periodo que quizás no entendí como se debiera. En este sentido, esta novela es un ajuste de cuentas conmigo mismo. Me lo debía. Y eche mano de lo que conocía. Yo pasé muchos años escribiendo sobre el policial latinoamericano, leyendo estos libros con mucho placer; por eso, sabiendo que mi estilo no encaja exactamente con todas estas reglas del género policial –como en las de ningún otro género, creo-, me serví incluso de su teoría. Bueno, y trato de darle una vuelta a la retórica de ese género para hacer algo más personal.
–Apolo tiene de Apolinario; sin embargo, también tiene de ti, del autor. Como Flaubert, ¿de alguna manera tú eres Apolo y los demás personajes?
Es innegable que las nociones de identidad están en crisis, y esto no tiene por qué ser negativo, ni reciente. Creo que nos cuesta cada vez más fijar las coordenadas para saber quiénes somos y dónde estamos. Por esa razón, siempre me atrajo la idea de una construcción de la identidad a través de las palabras, que seas tu propia voz, o la voz, o las voces, que vas asumiendo en la escritura. Esto ya lo planteé en mi anterior novela, Que la tierra te sea leve. La idea de esas identidades mutantes que son una y todas a la vez. Y esta novela, Mientras huya el cuerpo, pasa lo mismo. Soy Apolo, Apolinario y cada uno de los personajes. Y cuando hablo explicitamente de mí, estoy también hablando de ellos.
–En la novela hay una suerte de homenaje a Javier Sologuren, aunque no se le mencione.
Sí, aunque no tuve la suerte de tratarlo demasiado, pude visitarlo durante un periodo, mientras realizábamos una edición de cuentos japoneses que él había traducido. Lo visitaba en su casa y me contaba cosas maravillosas, como una de las que cuento en la novela. A mí siempre me interesó su labor de poeta, traductor, editor, la de un hombre de letras total.
–Carlos Calderón Fajardo decía en la presentación que éste era tu libro donde el Perú estaba más presente. ¿El estar varios años fuera influye de alguna manera en esto?
En mi caso sí. La distancia me refrescó la memoria. Permitió que pudiera verme y redescubrirme en distintos momentos de mi pasado. Y en esta dinámica de reconocimientos, ver el Perú y hablar de él, que en realidad es ver y hablar del Perú que me tocó, muchísimo más localizado e íntimo, también correspondía para lo que yo quise contar. Hablar de Apolo y Apolinario es imposible sin un referente más amplio, así me los tenga que inventar completamente.
domingo, 24 de junio de 2012
Entrevista : "Cien mil veces Mario Bellatin".
Bellatin acaba de publicar, en España, una nueva novela: El libro uruguayo de los muertos ( Sexto piso). Aquí una más que interesante entrevista de Pablo del Llano.
FUENTE: Elpais.com
Si el Mario Bellatin real se correspondiese con el Mario Bellatin que narra sus novelas en primera persona, esto no sería una entrevista para un suplemento cultural, sino una entrevista clínica. De acuerdo con las características que se atribuye en El libro uruguayo de los muertos, su última obra, recién editada por Sexto Piso, estaríamos ante un hombre tarado por haber crecido en una familia “malvada, funesta, miserable”, en la que su madre recogía hormigas por la mañana para dárselas a sus hijos de desayuno y donde abundaba la deformidad: por ejemplo, una hermana “que en lugar de boca tenía una especie de trompa como la de un elefante”, o un abuelo diabético, con una pierna y un brazo amputados, que a veces hablaba a solas con una foto de Mussolini colgada en el lugar principal de la casa.
Mario Bellatin sería un cleptómano de plumas Inoxcrom aquejado al mismo tiempo de “grafofobia”, y a unos metros del sofá en el que atiende esta entrevista, en su espartano hogar de Ciudad de México, habría un esqueleto llamado Agapito enterrado debajo de la plancha de cemento de la cocina.
—No pongas ahí “viene de una familia facchista” —dice con la pronunciación que debió de aprender en su familia real, de origen italiano.
—Pero es lo que pone en su libro.
—¿El libro dice así, una familia facchista, y que al abuelo lo cortaron en pedazos y todo eso? ¿Es muy fuerte, no?... Hay algo de mentira. Es verdad, pero es mentira.
A Mario Bellatin le gusta difuminar la línea entre su universo literario y el mundo cotidiano, y su propia apariencia —“mi estricto uniforme”, le llama— tiene elementos de personaje ficticio. La cabeza rapada. Una túnica negra combinada con pantalones negros y con unas aparatosas botas del mismo color que parecen más acordes a un punki londinense de los setenta que a un escritor mexicano de 52 años. Y envuelto en la manga derecha de la túnica, un antebrazo ausente desde su nacimiento que antes solía completar con una prótesis metálica con pinzas que le daba un aspecto a medio camino entre un monje y un ciborg.
Según cuenta en El gran vidrio (Anagrama, 2006) y en El libro uruguayo de los muertos, sea una verdad afirmada dos veces o una mentira repetida, en un viaje por la India terminó arrojando esa prótesis entre los cadáveres flotantes del río Ganges.
Cuando se le pregunta por la veracidad de todas esas rarezas con que dibuja su figura en sus libros, Bellatin suele responder con un comprensivo pero indiferente “no importa, eso no importa”. Explica que todos esos elementos autorreferenciales, así como los temas recurrentes de su escritura, como la enfermedad, la deformidad de los cuerpos o la presencia de la muerte —que fabuló en una truculenta novelita de 1994 llamada Salón de belleza, una parábola implícita de la expansión del VIH en aquella época—, son pretextos para atraer al lector a un mundo diferente. “Yo quiero lograr transitar por una realidad paralela a la cotidiana”, dice, “y que el lector se salga del mundo real y entre a este universo que no es el mundo de todos los días, deslavado y aburrido”.
Mario Bellatin se levanta del sofá y vuelve con un cuadernillo titulado Las dos Fridas, una biografía de la pintora mexicana Frida Kahlo que le encargó una entidad pública para distribuir entre escolares. Lo abre y señala una fotografía. “¿Tú crees que esta es Frida Kahlo o no?”, pregunta. La mujer de la imagen, en efecto, con sus abalorios, su ropa colorida, su moño y sus dos cejas en una, se parece mucho a Frida Kahlo.
“Pero no es. Sabes que no es, ¿verdad?”. La señora de la foto es una comerciante de un pueblo rural a la que Bellatin fue a retratar para escribir su libro para estudiantes y que no tiene más que vagas referencias de quién fue su histórica compatriota. “Sí, ¿pero es Frida Kahlo, no?”, suelta a contrapié el escritor. “Todo esto es verdad. Esta mujer existe, no la disfracé, no le pagué. Esta mujer es la verdadera Frida Kahlo. Es la mujer que Frida Kahlo siempre quiso ser y nunca pudo ser. Esta es la original. Frida Kahlo se representaba a sí misma como una comerciante de pueblo que nació después de que Frida Kahlo se murió”.
El escritor sostiene que la pintora fue una impostora, y ciñéndose a su interpretación creativa de lo real se sintió legitimado para realizar un texto escolar que tal vez haya confundido un tanto a sus jóvenes lectores. “¿Has visto sus fotos? Todas estaban armadas, eran perfectas. En todo lo que hacía no había nada de cotidiano, todo estaba dentro de una parafernalia, y yo hice la parafernalia de la parafernalia. Y pienso que si un chico de 17 años de una escuela piensa que la mujer de la foto es la verdadera Frida Kahlo, da exactamente lo mismo. Ella se inventó todo, así como yo me inventé todo también”.
Pasado el mediodía, Mario Bellatin solo ha desayunado un café que ha dejado a medias, pero desarrolla su discurso con energía, mezclando el humor con un fondo conceptual que a veces resulta abstracto. Su perro Perezvón, un ejemplar blanco y negro de border collie con un collar en el que lleva grabado su nombre de andar por casa, Pérez, juguetea por la sala mientras su dueño expone sus ideas.
—Fuera, perro —le ordena.
Por la vivienda circula otra perra llamada Mona, aparentemente hiperactiva, que es propiedad del asistente personal de Bellatin. El escritor cuenta que fue arrojada por una ventana de una casa del centro de la ciudad cuando estaba recién nacida. Los canes son otro elemento común en sus tramas surreales, y ahora protagonizarán un documental que acaba de filmar en Los Ángeles “sobre cómo un grupo de obesos se dedica por diversión a hacer correr a galgos que mantienen después encerrados durante toda la jornada”.
La actividad artística de Bellatin desborda la escritura. Además de ese filme, actualmente está terminando la edición de una ópera que ha filmado con la compositora Marcela Rodríguez en Ciudad Juárez, el lugar más mortífero de México. Dice que es una obra sobre la violencia que trata la violencia a la inversa, sin mostrar una gota de sangre. Está basada en Bola negra, un cuento suyo sobre un entomólogo japonés que se come a sí mismo. Para el coro eligió a chicos y a chicas de Ciudad Juárez “en situación de extrema vulnerabilidad”. Según detalla, en el escenario se proyectan imágenes del muro fronterizo que separa Estados Unidos de México, de las nuevas urbanizaciones de la zona —“con casas abandonadas sin puertas ni ventanas y picaderos de droga”— o de la “miseria humana” que traslucen los talleres de maquiladoras, como se conoce en Latinoamérica a las mujeres que subsisten de la industria manufacturera, en muchas ocasiones sin un contrato formal. Mientras tanto, el coro entona una letra que Bellatin recita en su casa de manera acompasada: “Has-ta-har-tar-se / Con-su-mi-do-por-sí-mismo / De-glu-ti-do-por-sí-mismo...”.
Bola negra es parte del material que mostrará Bellatin en julio en la Documenta de Kassel (Alemania), la exposición quinquenal de arte contemporáneo. Él enfoca el musical como un cuestionamiento del rol social del autor. Bellatin está en contra del esquema “binario” del escritor como un individuo con dos opciones, usar su obra como un medio para denunciar injusticias o ser un ente puro que crea de espaldas al mundo. “Estoy de acuerdo en que la literatura es un mecanismo de cambio, pero no en el sentido de una inmediatez coyuntural, como si el texto fuese un instrumento que no se puede sostener por sí mismo, sin su contexto”.
Ya en sus inicios, según cuenta, su heterodoxia se dio de frente con otra división de categorías en la que sus propuestas no encontraban acomodo: la separación de los escritores latinoamericanos entre autores internacionales como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Carlos Fuentes y otra corriente de compromiso social regionalista. “Para las cosas que yo trataba de hacer usaban términos envenenados, como kafkiano”, recuerda. “Y yo con 18 años pensaba, guau, puta madre, kafkiano, pero en realidad me estaban diciendo ‘Muy bien, hijito; ahora, si quieres ser escritor, haz algo indígena o algo urbano que hable de lo que se tiene que hablar: del dictador, del realismo mágico o del exotismo de Latinoamérica”.
Su carrera se desarrolló fuera de los carriles normales de la escritura, orientación que aplicó para los demás en la Escuela Dinámica de Escritores de Ciudad de México, que fundó a principios de los 2000 y dirigió desde entonces hasta que la cerró hace tres años —aunque piensa reabrirla en septiembre—. La primera regla para los aspirantes a escritores era que en la escuela estaba prohibido escribir. Él hizo algo similar cuando comenzó. Estudió Filosofía en Lima (Perú), donde vivió desde los cuatro años, y a mediados de los ochenta se pasó dos años en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba. En ambos periodos se dedicó simplemente a “observar”, con el propósito transversal de hacerse con herramientas para la escritura. Finalmente regresó al país de donde nunca quiso salir, México, y completó el triple salto con tirabuzón: hacerse adepto a una comunidad sufí, una rama mística del islam.
Después de unas tres horas de conversación sobre la mentira, la verdad, el arte y los entomólogos japoneses que se engullen a sí mismos, con la media taza de café ya en el recuerdo, Bellatin, agotado y hambriento, hace un esfuerzo no del todo exitoso por dar a entender su relación con el sufismo a un periodista con una capacidad de comprensión cada vez más obtusa: “El sufismo me enseñó que todo es un todo”, arranca el escritor; “que todo forma parte de lo mismo”, repite; “que vivimos en tiempos paralelos”, dice escalando grados ontológicos; “que no hay avance, que hay circularidad, paralelismos”, continúa hasta hacer una afirmación terminante: “Que todo el tiempo, los vivos y los muertos vivimos en tiempos simultáneos, en el instante”. Se detiene un momento, se disculpa por estar “un poco descerebrado” por el cansancio y finaliza con unas palabras que tampoco cuadran en la cabeza del interlocutor: “Y ese mismo instante es lo que busca el derviche girador”.
Bellatin se considera sufí y cumple con su estética austera. El mobiliario de su hogar es tan esquemático que la casa parece casi deshabitada, o habitada por un fantasma, como dice el escritor que se siente en ocasiones. Siempre lleva su uniforme negro, y conduce un coche negro sin cambio automático ni dirección asistida, cosa meritoria teniendo en cuenta que solo dispone de un brazo. El principal foco decorativo de la sala es un minúsculo cuadro con un derviche —un bailarín sufí— congelado en un instante del giro permanente en que consiste la danza ritual de esta religión.
Esa pared, como todas las demás de la sala y del estudio, estarán cubiertas pronto por enormes estanterías en las que piensa distribuir Los cien mil libros de Mario Bellatin, una obra que también presentará en la Documenta. Se trata de otro proyecto a medio camino entre la literatura y el arte conceptual, consistente en la edición de cien libros suyos en un formato mínimo y con una tirada de 1.000 ejemplares cada uno. Los comercializará por su cuenta, sin pasar por las librerías, intercambiándolos directamente con los compradores “por un cigarro o por 1.000 pesos, dependiendo de mi estado de ánimo”. De momento ha publicado seis, y calcula que con todo lo que ha escrito durante su carrera ya tiene material para 52. “A partir de ahora quiero seguir escribiendo para llegar a 100. Pero igual me muero antes, no importa. Lo importante es que el hecho de que aquí haya 100.000 libros o no haya nada solamente depende de un deseo, y nada objetivo, externo a ti mismo, se puede interponer a ese deseo”.
Como el derviche que gira en un movimiento eterno, lo único que desean el hermano de la chica elefante, el ladrón de bolígrafos, el hijo de la cocinera de hormigas y el dueño del perro Perezvón es que Mario Bellatin permanezca siempre escribiendo.
El libro uruguayo de los muertos. Mario Bellatin. Sexto Piso. Madrid, 2012. 280 páginas. 16 euros.
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