Año del centenario de José María Arguedas

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lunes, 13 de septiembre de 2010

Sueños bárbaros, de Rodrigo Nuñez Carvallo ...



FUENTE : LaRepública

Novelista Rodrigo Núñez Carvallo. Ha publicado Sueños Bárbaros, novela situada en los duros años 90 donde recrea mucho el mundo intelectual.

Pedro Escribano.

No vive solo. Tiene la compañía de sus dos gatos, verdaderos testigos de sus jornadas para culminar Sueños bárbaros (Ed. Peisa). Rodrigo Núñez Carvallo ha escrito una novela donde el personaje es el cineasta Rafael Delucchi, un antihéroe, pero allí, con sigilo y con prosa cautivante –a través de Pipo, Paloma, Orestes, sus otros personajes– , retrata a su generación de intelectuales y las circunstancias históricas que vivió el Perú de los 90.

–Tu libro empieza con una frase dura: ”eres un desperdicio”. ¿Qué resume?

–El drama de mi generación. Todos éramos unos desperdiciados hasta que demostráramos lo contrario. Cuántas veces no me han dicho “bueno para nada”. Los intelectuales estaban mal a todo nivel, pateaban latas, no teníamos cómo, solo nos llenamos de frustraciones.

–Intenta ser un fresco de los 90. ¿Fue premeditado?

–Sí, eso fue premeditado. Es una historia política, social, cultural. Yo tenía el clima para esta novela. Sentía que habíamos vivido un momento muy particular de la historia del Perú y solo tenía que escribirla.

–Entreteje pasajes de la tragedia griega, Electra. ¿Es la tragedia que vivía el Perú?

–Yo siempre he sido fanático de las tragedias griegas. Para esta novela elegí Electra. Asociar la tragedia a la historia de mi novela fue premeditado. Cuando leí La poética de Aristóteles, dije ¡ay, chucha, era eso! Para escribir tragedia, dice Aristóteles, no hay que ser mejores ni peores. No se puede escribir la tragedia sobre cualquier circunstancia, tiene que ser una circunstancia histórico crítica. Por eso las tragedias siempre tienen una inserción en un momento político de la historia donde todo salta, todo se desploma y donde nuevas fuerzas emergen.

Pipo se va contra los cineastas peruanos, “son medio torrejas”, dice. ¿Piensas Igual?

–Yo he puesto todo lo que sé.

–¿Realmente el cine peruano está mal?

–Hasta el año 2000 creo que estaba pésimo, hoy ha mejorado, digamos la primera década del 2000. Tenemos a Josué Méndez, de Días de Santiago. Tenemos La teta asustada, que me gustó mucho. Es que son cines de un avance más personal. Lo que se hizo los 70 y 80 era mera artesanía.

–Pipo dice que Francisco Lombardi es un ilustrador de guiones ajenos. ¿Coincides?

–Sí. Pipo termina coincidiendo con el autor (risas).

–El único que se salva es Robles Godoy, con dos películas.

–Sí, se salva Robles Godoy porque hizo un cine muy personal. Se salva Rafael Delucchi finalmente, que es una suerte de antihéroe fracasado. Se salvan un montón que nunca pudieron hacer lo que querían porque la situación era muy mala. Se salvan moralmente ambos. A mí, francamente, no me gusta el cine de Lombardi. Me parece un cine un poco afectado que narra desde la superficie. Es un buen artesano en algunos casos, pero no me parece que sea un cineasta de calidad, de esos que han hecho un cine personal. Creo que la gente en el Perú se olvidó del cine de autor, creo que recién está comenzando. Se ha hecho un cine comercial, para festivales.

–Has hecho de tu novela un lugar de ajuste de clavijas.

–(Risas) Había que aprovechar la única oportunidad de mi vida para hacer ese ajuste de clavijas.

–Te van a contestar...

–Tendrían que hacerlo con otra novela…

–Tu libro muy bien podría tener un índice onomástico. Los personajes “existen”

–Sí, solo Orestes es inventado para que sea hermano de Paloma. Y quise que sea un terruño gay, que se contraponga al típico macho de la violencia.

–También se enfila batería contra Cuatro Tablas. ¿Piensas que son malos?

–No pienso, es real. Eran mis vecinos y los escuchaba gritar parlamentos clásicos. Sus obras clásicas nunca me han parecido buenas. Sabes, ellos estaban en París y se inventaron como grupo para ir a un festival de La Habana. Pero, eso sí, de allí han salido actores buenos, O sea, a pesar de Cuatro Tablas han salido buenos actores como Pilar Núñez.

–¿Qué les faltó?

–Cuatro Tablas tuvo muchas deficiencias de formación actoral y humanística. Creen que el despliegue físico del cuerpo es suficiente para hacer teatro.

El dato

El autor. Nació en Lima, en 1953. Ha publicado las novelas Comedia del desierto, El sembrador de huarangos. Vive en Barranco. También se dedica a la pintura y sueña hacer una película.

La fuente de la novela es la vida

–Una pregunta concreta, ¿cómo concibes la novela?

–La novela es un territorio donde uno puede ejecutar cosas que no ha ejecutado en la vida (risas).

–¿O sea, tu proceso creativo es tu vida misma?

–Sí, yo creo que la literatura es la vida porque si no hay vida es una mierda culterana. Odio la literatura que hacen los críticos literarios, odio cuando se ponen a escribir cuentos y novelas, pero claro, hay excepciones, pero me parece que la gran fuerza de la novela estriba en la vida, en la aventura vital. Si no me crees, revisa la biografía de los grandes novelistas y te darás cuenta que la fuente es la vida, no es la literatura.

–¿Por qué publicas tarde?

–Por temor. Ser hijo de un crítico literario como es mi padre, Estuardo Núñez, hizo que yo no esté seguro de lo que iba a publicar. Ahora lo estoy.

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